Archivo | junio, 2012

Buena pregunta

29 Jun

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?

Difícil responder esa pregunta en modo automático. Te obliga a parar e intentar encontrar algo que hayas hecho que se destaque de tu rutina diaria. Pensadores o filósofos ya habrán hecho esa pregunta. Pero esta vez la hace Eastpack, la marca de mochilas.

La empresa creó una campaña publicitaria muy bien pensada, llamada When was the last time you did something for the first time. Al entrar al site, vas viendo diferentes videos con situaciones inspiradoras, que te hacen pensar y volar un poco.

Con un lenguaje visual excelente y lindas imágenes, el mérito, en mi opinión, está en conseguir que te quedes hipnotizado por algunos minutos, ignorando las típicas distracciones virtuales, com o Facebook, Gmail y afines.

Conocí esta campaña en el site Hypeness, en donde también descubrí que algunos videos fueron hechos en San Pablo. Me encantó ese último dato.

Vamos de paseo

21 Jun

Hace unos años cumplí un sueño de infancia de tener un fusca. Cuando en Buenos Aires le proponía a mi papá la idea de comprar ese auto, siempre me respondía que no era buen negocio: pasaría más tiempo en el mecánico que al volante. A mí eso obviamente no me importaba — a un auto tan pintoresco le perdonaría cualquier cosa. Pero la última palabra la tenía mi papá.

En 2008 João (mi novio) compró un fusca y lo trajo al año siguiente, cuando se mudó de Curitiba a San Pablo.

Me encantaba nuestro fusca AKK 1968 (la patente tenía el mismo año de fabricación). Era pura simpatía sobre ruedas. En la calle la gente miraba a AKK como una relíquia y muchos llegaban a preguntar por cuánto lo vendíamos.

Pero mi papá tenía razón: el auto nos regaló muchos dolores de cabeza. Por unos meses algo empezó a funcionar mal (el carburador, talvez) y tuvimos que andar siempre con un pie en el acelerador (aún cuando frenábamos). Era una aventura. Un domingo a la madrugada el auto simplemente dejó de funcionar y quedamos varados en una zona bastante insegura — volvimos a casa en una grúa. Y lo peor que nos pasó fue en 2011, cuando nos bocharon en cuatro verificaciones técnicas.

Sí, el fusca exigía dedicación. Pero la realidad era que lo dejábamos guardado en el garage seis días a la semana. Ninguno de los dos quería empezar el día con el tránsito infernal de San Pablo (y probablemente terminarlo en el mecánico). Así que lo usábamos a veces para pasear los fines de semana.

Hace un año nos mudamos a un departamento sin cochera. Qué hacer con el fusca fue la gran pregunta. Lo dejamos un día en la calle y nos robaron una pieza. No tuvimos otra opción que pagar un estacionamiento mensual para AKK.

Y de repente, mantener un auto que usábamos un día a la semana empezó a salir demasiado caro. Leer notas que mostraban que mantener un auto en San Pablo puede llegar a costar R$ 1200 por mes tampoco nos estimulaba mucho.  Y las visitas al mecánico empezaron a molestar.

Entonces el año pasado decidimos venderlo. Nos dejó una sensación amarga, pero no nos quedaba otra.

Sin ruedas

Hoy en día no siento necesidad de tener un auto. A menos de 10 minutos caminando tengo una estación de subte y de ahí llego al trabajo en media hora — para San Pablo, eso es rápido. Si bien la red de subtes es chica para el tamaño de la ciudad, tengo la suerte de contar con una línea que pasa al lado de mi trabajo.

Antes de las 22hs me vuelvo tranquila por el mismo camino y si me quedo hasta más tarde alguien del trabajo me alcanza a casa o sino me tomo un taxi.

Tengo una bici, pero la uso menos de lo que me gustaría. Es peligroso pedalear en San Pablo porque no hay un espacio muy definido para las bicicletas: en la calle los autos no te toman en cuenta (aunque el código de tránsito brasileño especifique reglas para respetar a los ciclistas) y en las veredas es difícil esquivar los obstáculos (o la gente). Por suerte acá hay un grupo grande de ciclistas activistas, entonces quien sabe la situación mejore en los próximos años.

En San Pablo el tránsito te hace mal a la salud. Hay muchos autos, camiones y motos. Como los lugares están tan lejos entre sí, es más cómodo ir al trabajo en tu propio auto, escuchando tu música o disfrutando el silencio. Mucho mejor que ir en colectivo, tren o subte, donde estás obligado a compartir el espacio con otros, a veces apretado y sin lugar para sentarse. Y así la ciudad está cada vez más determinada por un pensamiento que pone al transporte individual en primer lugar. Esta es una polémica que va para rato, así que corto acá. Pero quien quiera leer más sobre el tema, recomiendo este post que Thiago Blumenthal escribió en Trilhos Urbanos.

Yo no quiero meter otro auto a este caos. Y tampoco quiero someterme al stress de manejar en esta ciudad. Vivo en subte, colectivo o taxi y soy feliz así.

Extraño la simpatía de AKK, pero me quedo con el recuerdo de los pocos paseos que hicimos juntos y los sustos que nos hizo pasar.

Buenos Aires, te voy a extrañar

11 Jun

Están por terminarse mis vacaciones. En Brasil, si sos contratado en una empresa con la “carteira assinada” (la traducción sería libreta firmada, el equivalente a ser contratado en blanco), tenés derecho a 30 días de vacaciones por año. Un mes para lo que vos quieras. No importa si estás hace cinco años en la empresa o si acabás de completar los primeros 12 meses. La ley vale para todos. También existe la posibilidad de tomarte dos semanas primero y otras dos después, o irte 20 días y “venderle” los otros 10 a la empresa (o sea, te paga por esos días).

Este año decidí irme la segunda quincena de mayo y la primera de junio. Dividí esas semanas equitativamente entre San Pablo y Buenos Aires (no vaya a ser que alguna reclame). Me di cuenta que me costó un poco acostumbrarse a tener tiempo libre — ese tiempo que tanto imploré los últimos meses. Fue raro, de repente, no tener mil tareas para resolver en un día.

Siempre que vengo a Buenos Aires tengo los días contados para ver a la familia, encontrarme con amigos y hacer aquellas actividades que extraño al estar lejos. Me gusta, por ejemplo, caminar por el centro, un poco sin rumbo… aunque me di cuenta que muchas veces hago inconscientemente el mismo camino: empiezo por Santa Fé, bajo por Callao, agarro Quintana y termino en Plaza Francia.

Pero en este viaje tuve tiempo de sobra. Y pude, realmente, exprimirle el jugo a esta ciudad. Me sentí bastante turista en algunos momentos: no sólo por ir a un museo y caminar por la Plaza Dorrego a las tres de la tarde sino por equivocarme en cosas tontas, como subirme al tren que iba para el otro lado del que tenía que ir (en Brasil circulan en la misma dirección que los autos; en Buenos Aires no). De tanto turistear, la pasé bien.

Pero ahora, unas horas antes de embarcar y volver a mi vida paulistana, me puse a pensar en lo que más voy a extrañar de Buenos Aires. Mirando las fotos, elegí el otoño. Sí, porque aunque sufrí demasiado con el frío, me encantó ver la ciudad con colores otoñales. Algo que talvez hace unos años no me impactaba tanto. Pero en San Pablo las estaciones no son tan definidas y, en esta época del año, los árboles no tienen cambios de color tan acentuados y las veredas no se llenan de hojas secas.

Cine los domingos a la mañana

3 Jun

La idea de crear este blog la tuve en San Pablo, dos días antes de venirme de vacaciones a Buenos Aires. Le terminé de dar forma al proyecto esta semana y En San Pablo no hay playa acaba de nacer, talvez un poco prematuro. Pensé en esperar y escribir el primer post a la vuelta, porque sería incoherente escribir sobre la capital paulista desde lejos. ¿Pero para qué ser tan estructurada?

Quiero inaugurar este espacio virtual [entendé de qué se trata acá] con algo que me gusta y extraño de San Pablo. El último domingo de cada mes, el cine Reserva Cultural promueve un evento llamado Ciné-club. Es un programa muy bien pensado: por R$ 5 tenés un desayuno rico y generoso (una croissant, un pain au chocolat, juguito tipo Cepita y café) y una película francesa. Para ir hay que madrugar: el desayuno empieza a las 9.30hs y la sesión a las 10.30 hs. O sea, hay que juntar fuerzas el domingo para ir… Aún así siempre se llena y a veces conviene comprar la entrada un día antes.

El evento lo organiza la Aliança Francesa y Reserva Cultural. En general las películas siguen un criterio — una vez, por ejemplo, hubo un ciclo de Literatura y Cine, que mostró Swimming Pool, Le Pianiste y Persepolis. Y antes de que empiece la sesión, el dueño del cine, que es francés, hace una pequeña introducción de la película o del director.

Cuando termina el evento,  el domingo recién está empezando. Salís a caminar por las veredas anchas de la avenida Paulista y te cruzás con hipsters, parejas felices, skaters y vendedores de choclo. Vas a almorzar, pasás por alguna exposición o simplemente te vas a casa. Pero es siempre un buen día después de un Ciné-club.

El último evento fue justo el día que me vine a Buenos Aires, el 27 de mayo. Y la película fue Le Père de mes enfants. Pero el próximo voy y saco fotos para publicar en el blog.