Buenos Aires, te voy a extrañar

11 Jun

Están por terminarse mis vacaciones. En Brasil, si sos contratado en una empresa con la “carteira assinada” (la traducción sería libreta firmada, el equivalente a ser contratado en blanco), tenés derecho a 30 días de vacaciones por año. Un mes para lo que vos quieras. No importa si estás hace cinco años en la empresa o si acabás de completar los primeros 12 meses. La ley vale para todos. También existe la posibilidad de tomarte dos semanas primero y otras dos después, o irte 20 días y “venderle” los otros 10 a la empresa (o sea, te paga por esos días).

Este año decidí irme la segunda quincena de mayo y la primera de junio. Dividí esas semanas equitativamente entre San Pablo y Buenos Aires (no vaya a ser que alguna reclame). Me di cuenta que me costó un poco acostumbrarse a tener tiempo libre — ese tiempo que tanto imploré los últimos meses. Fue raro, de repente, no tener mil tareas para resolver en un día.

Siempre que vengo a Buenos Aires tengo los días contados para ver a la familia, encontrarme con amigos y hacer aquellas actividades que extraño al estar lejos. Me gusta, por ejemplo, caminar por el centro, un poco sin rumbo… aunque me di cuenta que muchas veces hago inconscientemente el mismo camino: empiezo por Santa Fé, bajo por Callao, agarro Quintana y termino en Plaza Francia.

Pero en este viaje tuve tiempo de sobra. Y pude, realmente, exprimirle el jugo a esta ciudad. Me sentí bastante turista en algunos momentos: no sólo por ir a un museo y caminar por la Plaza Dorrego a las tres de la tarde sino por equivocarme en cosas tontas, como subirme al tren que iba para el otro lado del que tenía que ir (en Brasil circulan en la misma dirección que los autos; en Buenos Aires no). De tanto turistear, la pasé bien.

Pero ahora, unas horas antes de embarcar y volver a mi vida paulistana, me puse a pensar en lo que más voy a extrañar de Buenos Aires. Mirando las fotos, elegí el otoño. Sí, porque aunque sufrí demasiado con el frío, me encantó ver la ciudad con colores otoñales. Algo que talvez hace unos años no me impactaba tanto. Pero en San Pablo las estaciones no son tan definidas y, en esta época del año, los árboles no tienen cambios de color tan acentuados y las veredas no se llenan de hojas secas.

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