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San Pablo en 3min17seg

1 Feb

(Dedicado a Vivi Hermes y Gu Capecchi)

Antes de leer este post, vean el videoclip I Charleston SP, de Blubell. No se asusten si les agarran unas ganas incontrolables de mover piernas, hombros y cuerpo en general.

Es un paseo por puntos característicos de la ciudad, de una forma muy original y dinámica: a través del baile. El tránsito en cámara rápida, el subte, la avenida Paulista, el “minhocão”, la lluvia, la estación Luz… San Pablo hasta quedó más linda de como mucha gente la mira y la vive diariamente. Y, de hecho, el video me parece otra declaración de amor.

Parece que es la primera versión paulistana de un proyecto llamado  I Charleston the World, que filma gente bailando charleston frente a lugares típicos de diferentes ciudades. En este caso, la cantante Blubell y el grupo HopAholics (grupo especializado en lindy hop) se juntaron para, como ellos lo dijeron, “celebrar la belleza de la música y de San Pablo, y valorizar la danza”.

Al verlo, me acordé de un boliche llamado The Clock, en donde se escucha y se baila rock’n’roll de los años 50/60. Lo conocí gracias a Vivi y Gustavo, que suelen ir a bailar los viernes o sábados por la noche. Ya tomaron clases de rockabilly y de lindy hop, así que podrían ser bailarines del video de Blubell tranquilamente. El lugar está decorado al estilo norteamericano (las mesas, por ejemplo, parecen de aquellos “diners” de otra época) y a eso de las 22 hs un profesor da una clase para enseñar los pasos básicos. La vez que fui, Gustavo me guió y me fue ayudando para que, entre un tropiezo y otro, algún paso me saliera. El mérito de mis pequeños logros se debe 100% gracias a él. Pero por más que mi poca (o inexistente) coordinación motriz me impidiera bailar, fue muy entretenido ver a las parejas ocupando la pista con tanta energía y armonía.

Qué ganas de tener esa habilidad y salir bailando por San Pablo. Pero como conozco mis limitaciones, creo que voy a poner play en el video de nuevo y contentarme con eso.

pd: gracias, Maru Ayam, por haberme pasado ese video tan alegre.

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Flor se lleva el clima de San Pablo y Fer, la calle Augusta

5 Dic

A Flor la conzoco desde la infancia. Amiga de una amiga mía del colegio (también llamada Florencia), siempre nos encontrábamos por lo menos una vez al año: el 24 de abril, para festejar el cumpleaños de esa gran persona que nos unía. Sin embargo, ambas coincidimos en que nos conocimos de verdad en los últimos dos años, cuando ella se mudó a San Pablo. Nuestra relación hoy en día es otra.

En 2010 me llegó un mensaje de Flor avisándome que se mudaba a San Pablo. Fer, su novio, se venía a trabajar acá y ella también decidió venirse. Arreglamos para encontrarnos en un festival de cine latinoamericano, para ver una película argentina (Dos hermanos, de Daniel Burman). Después fuimos los cuatro (ellos, João — mi novio — y yo) a un bar en la plaza Roosevelt, en pleno centro, llamado Papo, Pinga e Petisco, más conocido como PPP.

En mis primeros años en San Pablo no conocí a muchos argentinos. Flor y Fer fueron mis primeros amigos conterráneos, con quienes compartí muy buenos momentos — hablo en tiempo pasado porque el mes que viene cruzan el Atlántico y se van a vivir a Londres. Nuestras salidas siempre me dejaban feliz, no sé si por la identificación que sentía con ellos o tal vez por despertar una cierta añoranza de la Argentina. O quizás no era por compartir la condición de extranjeros, sino simplemente porque son personas muy divertidas y genuinas, con las que me divierte salir y charlar.

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El último viernes fuimos como despedida a aquel primer bar al que habíamos ido hace dos años. Les propuse un ejercicio: hacerles algunas preguntas sobre San Pablo para guardar la visión que tienen actualmente de la ciudad y de su experiencia en estos dos años. La charla de 20 minutos la pueden escuchar a seguir (sepan disculpar algunas expresiones en auténtico portuñol)

Para los que no puedan o quieran apretar play, les cuento un poco. Al preguntarles qué se llevarían de San Pablo,  Flor me sorprendió al responderme que sería el clima. ¿QUIÉN SE QUIERE LLEVAR EL CLIMA DE SAN PABLO, FLOR? Ese estado loco de frío y calor, sol y lluvia al mismo tiempo… Me acordé de esta foto que salió en el diario Folha de São Paulo el miércoles pasado, de un día bipolar:

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(Sí, vivimos dos situaciones climáticas opuestas en un mismo día)

Flor también se llevaría la playa del litoral del estado, el arte urbano, el portugués, el arroz (“el mejor arroz que comí en mi vida”) y el servicio gastronómico. La pregunta sobre qué no pondrían en la valija le costó, pero mencionó a los taxistas, que están siempre perdidos, y después dijo: “Es que la pasamos bien acá, el país fue muy generoso”.

Tanto a Flor como a Fer les sorprendió la Virada Cultural (evento del que hablé en este post). “Me encanta tanto de día, como de noche, cuando se empieza a poner heavy”, comentó Fer. Él se llevaría la cerveza fría de San Pablo y la calle Augusta (sólo de noche), pero dejaría tranquilamente el caos en el tránsito y que todas las cosas queden tan lejos entre sí. Más tarde, cuando había dejado de grabar, Fer agregó que San Pablo tiene un encanto propio, diferente.

Les pedí que mencionaran algunos restaurantes o bares que les gustaron, y son estos: Papillon de Nuit, Skye Bar, Kaos, Quintal, Chico Hamburguer y un lugar de sushi en el barrio Moema del que no se acuerdan el nombre. Y al preguntarles qué traerían de la Argentina a San Pablo, me respondieron de forma tajante: los alfajores y las golosinas.

La entrevista-experimento fue muy divertida y me pareció una forma muy linda de despedirse de esta ciudad que tanto Fer como Flor disfrutaron tanto. Una cosa que comentaron después de la entrevista y no está en el audio es cómo sienten que todavía les quedan actividades por hacer y lugares para conocer. San Pablo no se agota nunca.

Si hay algo que voy a extrañar de estas dos personas es su visión tan positiva de la ciudad. Termino el post con una foto con Flor durante la Virada Cultural de 2011. No tengo idea de qué nos reíamos, pero es uno de tantos buenos recuerdos que guardaré de estos dos años.

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La Bienal a los 13

4 Dic

Se está por terminar la 30ª Bienal de San Pablo, en el Parque Ibirapuera — va hasta el 9 de diciembre. Al pensar en ese gran evento de arte, me acordé de un texto que escribí en 2010 para el taller de Periodismo Narrativo, de la Escuela Móvil de Periodismo Portátil, dictado por Juan Pablo Meneses. Fue un reportaje que muestra la Bienal através de los ojos de una joven adolescente.

***

Un cuchillo de carnicero roza el cuello del presidente de Brasil, preso con sogas a una silla. Luiz Inácio Lula da Silva resiste, pero no puede escapar. Parado atrás de él, el artista pernambucano Gil Vicente sostiene el arma con una mano y, con la otra, le agarra con fuerza el cuero cabelludo. La amenaza se mantiene así: estática e inminente. Y en blanco y negro, pues la escena, dibujada con carbonilla, ocurre en una hoja de papel de 2 metros por 1,50, expuesta en la 29ª Bienal Internacional de Arte de San Pablo. La obra responde con fidelidad al lema de la edición actual de la muestra: es imposible separar arte y política.

Las escenas violentas y realistas de la obra Inimigos (Enemigos) que, además de Lula, deja vulnerables a personajes políticos, como George Bush, Kofi Annan y Mahmoud Ahmadinejad, son un imán que atrae los ojos curiosos de los visitantes. Ojos como los de Caroline Gomes, que se detiene a leer las fichas de cada una de las obras y las anota en una hoja arrugada de papel. Mira las fichas. Mira las obras. Y escribe. No se deja incomodar por la gente alrededor. Anota, anota todo. “Es mi obra preferida porque muestra la indignación del artista con los políticos”, opina con elocuencia.

Minutos antes de empezar el recorrido, un martes de octubre a las 10.30 de la mañana, un grupo de 13 adolescentes de una escuela pública del interior del Estado de San Pablo, entre ellos, Caroline, se reunía con el guía Jonas Rodrigues Pimentel. Era su primera vez en una Bienal de arte contemporánea. Al ser cuestionados si querían ver alguna obra en especial, varias voces respondieron en coro: “La obra que mata a Lula”. Jonas atendió el pedido y, en la mitad de la visita, llevó a los ocho varones, a las siete chicas y a la profesora al tercer piso, para contemplar la obra de Gil Vicente. Aprovechó para explicar la polémica que causó fuera de los muros de la Bienal, cuando la Orden de los Abogados de Brasil de San Pablo (OAB-SP) determinó que los dibujos hacían una apología al crimen y debían ser excluidos de la muestra. Levantando la bandera de libertad de expresión e independencia curatorial, los organizadores de la Bienal negaron el pedido. La polémica explica por qué los estudiantes de la pequeña Valinhos, una ciudad de 105 mil habitantes, a 90 kilómetros de San Pablo, ya conocían este artista y no a los otros 159 que también forman parte de la muestra. Luego de la explicación, Caroline miró nuevamente los dibujos y completó: “Pero no está bien poner la indignación en la forma de violencia. No se puede querer matar a esos políticos.”

De piel lisa y clara, ojos marrones y cara redonda, Caroline es alegre, pero demuestra constantemente una postura controlada. Es la única del grupo que anota religiosamente sus impresiones sobre las obras que conoce durante el paseo. “Me tengo que sacar un diez en el trabajo, sino mis papás me matan”, dice. Después de una breve pausa, agrega: “No me matan de verdad, pero se enojan”. Debajo de su hoja rayada, sobre el anotador, guarda el trabajo que debe completar después de la visita y se asegura de no perder ningún detalle.

Una gomita sujeta su pelo ondulado, castaño claro, y su flequillo descansa atrás de sus orejas adolescentes. Con poco más de 1,60 m de altura, usa un pantalón negro deportivo, con una cinta en las laterales que dice VALINHOS, nombre de su ciudad, una chomba blanca con el escudo de su escuela y una chaqueta roja, con la misma cinta del pantalón. Lleva un bolso beige, en el que “sólo vas a encontrar libros”, le explica Caroline a la mujer de seguridad que la revisó al entrar al edificio.

La primera obra que el grupo visitó fue un documental sobre “pixação” (léase pishasaum, con el sonido nasal típico del portugués), un tipo de graffiti de formas tipográficas en apenas un color, realizado sobre edificios urbanos, con fuerte presencia en San Pablo. Considerado en general como una expresión transgresora que ensucia la ciudad, su principal marca es la lucha por llegar a muros de más difícil acceso. El grupo de adolescentes observaba las escenas en la gran pantalla, acompañadas de música electrónica como banda de sonido. Algunos se dispersaban. El guía esperó unos momentos antes de intervenir. Morocho, con rulos definidos, una barba que aparentaba ser de cinco días, vestía una camiseta rayada de manga larga y, encima de ella, una remera verde oficial de la Bienal.

– ¿Por qué las personas “pixan” la ciudad?, incitó Jonas.
– ¡Vandalismo!, responde uno de los chicos.
– Quieren marcar territorio, agrega otro.

El debate continuó hasta que el guía hizo otra pregunta.
– ¿Y qué los motivaría a hacer una “pixação”?
– No me motivaría nada. Nunca haría “pixação”.

La respuesta de Caroline lo desconcertó y no supo responder. Se escuchó un suspiro de alguien cansado con la discusión y el grupo pasó a ver otras obras. Mientras caminaban, se encontraban con otros grupos escolares. El ambiente no llegaba a los niveles de ruido y desorden que habían inundado la Bienal el domingo anterior. Los grupos andaban juntos y se entrelazaban con adultos que caminaban con paciencia.

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Mi nuevo restaurante preferido

22 Nov

Brado me cautivó desde el momento en que subí sus siete anchos escalones, hace unas semanas: fue ahí que vi que había una mini terraza. En San Pablo es poco común que los restaurantes tengan mesas en las veredas y es algo que extraño. Si bien las de Brado no están exactamente en la vereda, están al aire libre.

Pero el lugar sumó varios puntos con otra cosa: apenas me senté, me trajeron una jarra de agua. Qué actitud más inteligente, pensé, pues a los restaurantes no les cuesta nada servir agua gratis a sus clientes. Aún así, hay algunos lugares insisten en cobrar más de R$ 4 por una botellita de 300 ml (como me pasó hace unos días en Lanchonete da Cidade). Charlando con algunos amigos, me enteré que esa es una tradición muy común en Europa — qué bueno que la importaron entonces, ojalá que inspiren a otros lugares.

El menú tiene platos variados, ricos y a buenos precios. Comí una hamburguesa con queso roquefort, cebolla y lechuga, que venía acompañada de papas rústicas (salió R$ 32). Me encantó y lo recomiendo. Para tomar, además del agua que me sirvieron, pedí un jugo exprimido de mandarina. Como es una fruta medio difícil de encontrar en restaurantes y bares, siempre que está como opción en algún menú, pido el jugo sin pensar dos veces.

La decoración del lugar también ayuda a crear un ambiente muy agradable. En la parte interna, una parte tiene velas que cuelgan del techo. Y del otro lado hay sillones con almohadones de mis colores preferidos, y unos dibujos hechos con alambre colgados en la pared (están en la foto abajo, pero casi no se ven).

Al fondo, una sorpresa: aprovecharon un espacio chiquitito (¡al aire libre también!) y pusieron más mesas, acompañadas de plantas. La próxima vez me voy a sentar allá.

Y para sumarle a la combinación de lindo ambiente + comida rica + buenos precios, la atención es excelente. Los mozos están siempre atentos y el dueño (creo que es el dueño) siempre viene a la mesa y te charla un poco para asegurarse de que esté todo bien. Al final, te escriben a mano un simpático agradecimiento en la cuenta — por lo menos eso pasó las dos veces que fui.

Si les divierte probar el lugar, acá están las coordenadas:

Brado Restaurante

Rua Joaquim Antunes, 381, Pinheiros. tel. (11) 3061-9293

http://www.bradorestaurante.com.br

Locas por esmaltes

19 Nov

Después de cuatro años y medio viviendo en San Pablo, hay muchas cosas de la cultura local que ya no me llaman más la atención. Es más, en muchos aspectos siento que me “abrasileré”. Me acuerdo que al principio me causaba gracia como cada vez que había feijão preto (frijoles negros) en el restaurante de la empresa, mis amigos se ponían demasiado contentos y yo no entendía el motivo de tal felicidad. Pero después de algunos años de incorporar el arroz e feijão a mi dieta cotidiana, ahora soy yo la que festeja cuando veo la olla de feijão preto (e internamente siempre me río de mí misma al reconocer cómo cambié mi paladar).

En mis primeros meses de 2008, me acuerdo que me sorprendió mucho la forma en que las brasileñas mantienen sus uñas impecables. En Buenos Aires, en toda mi adolescencia y vida adulta, fui pocas veces a una peluquería a que me pinten las uñas — solamente para ocasiones especiales. Acá, me empecé a dar cuenta que las mujeres iban semanal o quincenalmente a un salão de beleza y que era raro ver uñas “al natural”. Los colores de los esmaltes también eran mucho más variados y osados que lo que estaba acostumbrada a ver en Buenos Aires: verdes, violetas, grises, naranjas… Hoy, cuatro años después, ya tengo ese hábito más que incorporado.

Todo ese texto para introducir un local que descubrí el último fin de semana. Caminaba por el barrio de Pinheiros con una amiga cuando vimos esta fachada llena de colores.

Entramos a Cosmopolish para chusmear. Descubrimos que es un salão de beleza dedicado exclusivamente a manicura, pedicura y diseño de cejas. Al igual que la pared externa, adentro el lugar está lleno de colores, empezando por una de las paredes, cubierta de esmaltes.

El ambiente es moderno  y cool. Me divirtieron las lámparas colgantes decoradas con esmaltes — un poco redundante, ya que el interior está lleno de esmaltes, pero igual me pareció una solución creativa para decorar el lugar.

También hay sillones estampados y cuadros que le dan un toque alegre al salón. Claro que todos estos elementos diferentes se reflejan en los precios. Las manos salen R$ 27 y los pies, R$ 35 (mirá todos los valores acá), bastante más caro que los valores promedio, de unos R$ 15 y R$ 25 aproximadamente.

Para compensar un poco esos precios más elevados, en el site de Cosmopolish me enteré que durante la llamada “Relax Hour” (de 12hs a 17hs), hay descuentos. Y en la “Happy Hour” (de 17hs a 22hs) te regalan los tragos (la promoción también vale para los sábados).

Si alguna vez están en San Pablo y les divierte ir, esta es la dirección:

Cosmopolish

Rua dos Pinheiros, 365, Pinheiros. tel. (11) 3892-1910

http://www.cosmopolish.com.br

Entre empujones, un paseo por la 25 de março

12 Nov

Si buscásemos el lugar con mayor concentración de gente en toda San Pablo, creo que no nos equivocaríamos al afirmar que está en la calle 25 de março, un sábado a la mañana, especialmente en meses próximos a fechas simbólicas como Navidad, Carnaval o Páscua. En realidad, es más que una calle, es una microregión que concentra una enorme cantidad de chucherías, utensilios de cocina, telas, objetos de decoración, cotillón y bijutería por buenos precios. Talvez hasta me quedé corta con la lista. Pero esa ventaja de encontrar tanta variedad tiene un costo: tener que compartir las veredas y los pasillos con tanta, pero tanta gente.

Para llegar es fácil: hay que tomarse la línea azul del subte y bajarse en São Bento. La estación es grande y tiene varias salidas — yo prefiero siempre la de Ladeira Porto Geral. No recomiendo ir en auto porque cuando las veredas no alcanzan, los peatones invaden las calles. Un ejemplo es la foto de arriba, en la que casi no se ve el auto que pasa entre la gente.

Las recomendaciones básicas para enfrentar la 25 de marzo son: intentar ir muy temprano (los locales abren a las 8hs) y llevar carteras o bolsos cerradas, pues entre medio de tantos empujones, alguien puede meter mano y robar el celular u otra cosa.

Fui hace poco más de una semana a esa región con una amiga, Lucy, que me sugirió que tomásemos un café antes de empezar la locura de las compras. Gracias a esa idea, conocí un lugar muy tradicional y simpático, el Café Girondino, en frente al Mosteiro São Bento.

Pedí mi combo básico: café, pão na chapa (un pan tostado a la plancha, riquísimo) y jugo de naranja. Ya con la panza llena, partimos hacia la  muchedumbre. Empezamos en un mini-shopping en la Ladeira Porto Geral que tiene varios locales de bijuterías. Los precios son muy tentadores, especialmente cuando uno empieza a reconocer los mismos collares y anillos que ya vio mucho más caros en otros lugares.

Y una observación importante, si es tu primera vez en 25 de março: las etiquetas de los productos tienen dos precios, uno minorista y otro mayorista (que, en realidad, es el precio que te hacen cuando comprás más que una determinada cantidad de reales, en general R$ 30). Tardé en entender eso, porque los valores están escritos como si fuese un único código. Lucy me explicó que los números de la izquierda son los minoristas y los de la derecha los mayoristas. Entonces si un anillo tiene el siguiente código 5990000399, significa que si comprás sólo el anillo, te sale R$ 5,99, pero si comprás más de tantos reales, cuesta R$ 3,99.

Pasamos después a otro área: papelería. Fuimos a un lugar llamado Metrópole Tecidos (rua Comendador Abdo Schahin, 52). En la planta baja hay bastante variedad de telas, lisas y estampadas. Y el primer piso es el paraíso para quien le gusta hacer cosas manuales. Podés encontrar bastantes papeles para scrapbook (esas hojas más duras), con dibujos y padrones muy lindos. Le saqué una foto a dos que me gustaron (cada una cuesta R$ 3).

Y después fuimos a  un “armarinho”, que es el el nombre que se les da a las mercerías (ojo que en portugués también existe la palabra mercearia, que significa almacén). Entramos en Sarruf (Rua Cavalheiro Basilio Jafet, 99), cuyo logo es el simpático rey de la foto abajo, y vimos cintas de varios colores, algunas de encaje. También encontramos bastantes hilos, cuerdas, botones… de todo. La frase recurrente era: “¡Mirá qué lindo! ¿Qué podemos inventar con esto?” Dejamos algunas cosas por falta de creatividad, pero también llevamos otras con la esperanza de poder darle uso.

Terminamos nuestro paseo con hambre, entonces fuimos a encontrarnos con unos amigos para almorzar en un lugar bastante cerca, en la Praça Antônio Prado: la Cervejaria São Jorge, una filial del bar Salve Jorge, cuya matriz está en Vila Madalena. Si bien había algunas mesas al aire libre — lo cual es raro en San Pablo –, nos sentamos adentro porque había una leve amenaza de lluvia.

El lugar tiene mucha alma: está decorado con botellas viejas y otros detalles que le dan un aire bastante antiguo. Combina muy bien con el centro de San Pablo. Si no me hubieran dicho, hubiera pensado que era realmente un bar de otra época.

El nombre hace referencia al São Jorge, el santo guerrero que proteje de los enemigos. Los individuales tienen la imagen de varios Jorges guerreros, como Jorge Luis Borges, Jorge Amado, George Lucas y George Costanza (!).

Pero de lejos lo que más me llamó la atención es la colección de cascos de bomberos que hay en el primer piso, con ejemplares de diferentes países, incluso de Argentina:

       

Pedimos dos “petiscos”, que son esos platos para “beliscar” (picar). Uno era de carne y el otro… también de carne. Como la mayoría de los platos de San Pablo, son bastante grandes, dos petiscos alimentaron tranquilamente a tres personas. Y otros dos amigos compartieron una feijoada. Si alguna vez estás en Brasil y querés preguntar sobre la cantidad de comida que viene en un plato, pueden decir “O prato é bem-servido?” o “O prato serve duas pessoas?”

Ah, y algo de este bar que me pareció bastante original. La caipirinha que uno de mis amigos pidió vino con un helado de agua de limón, incrustado en el vaso. Entonces mientras tomaba el trago también comía un helado. Bastante práctico para los últimos días de calor intenso. Encontré esta foto en Google de la gran invención.

El post se hizo largo, como todo paseo en la 25 de março suele ser. Pero basta, termino por acá.

Me quiero escapar al parque

29 Oct

Hace ya unos dos años que repito una actitud un poco masoquista. En los días muy, pero muy lindos que San Pablo nos regala, después del almuerzo, mientras estamos tomando el cafecito y preparándonos para enfrentar el segundo round del día, le digo a una de mis compañeras del trabajo: E aí, Vivi, vamos no Ibirapuera hoje?

Qué ganas de escaparme al pasto, de tirarme, dejar que la cabeza baje un poco las revoluciones y que el cuerpo disfrute de un aire un poquito más puro. El Parque Ibirapuera es el pulmón de San Pablo. Con 1,500,000 m² aproximadamente de área verde, se llena los fines de semana de gente con muchas ganas de hacer ejercicio, de otros un poco más perezosos, de ciclistas esporádicos, de adolescentes, de familias y de tribus urbanas. El Ibirapuera tiene espacio para todos.

Allí está el edifício de la Fundación Bienal, en donde se realiza cada dos años la Bienal de Arte, y que también recibe otros eventos, como la São Paulo Fashion Week (SPFW). El parque también alberga el Museu de Arte Contemporânea (MAC), el Museu de Arte Moderna (MAM) y el Museu Afro Brasil. Sin contar el Auditorio Ibirapuera, del cual soy fanática y ya escribí en este blog. Opciones, como siempre, no faltan.

Si bien ya he ido al Ibirapuera sábados y domingos, durante la semana me agarran más ganas. El día a día paulistano te consume las energías — claro que depende de la profesión, pero creo que es difícil no sentirse oprimido en una ciudad con tanto cemento. El parque se revela como un pequeño paraíso en el medio de la ciudad.

Nunca pude cumplir ese deseo de salir en el medio de la semana — así, de la nada — para caminar sin preocupaciones por el Ibirapuera. Una vez, llegué a ir a hacer una nota al parque, pero no vale porque fui por trabajo. En 2010, aproveché un franco (en portugués, el término sería folga) para ir a la Bienal y pasear un rato. Y el primer día de mis vacaciones este año también lo pasé en el parque. Curioso hacer esta restrospectiva. No me consideraba una persona tan necesitada de verde. Pero tal vez son urgencias inconscientes de contacto con la naturaleza, quien sabe.

San Pablo no tiene puntos turísticos muy claros, como el Cristo Redentor y el Pão de Açúcar en Rio de Janeiro — eso será tema de otro post. Por eso hay que buscar lugares menos convencionales para conocer la ciudad. El Parque Ibirapuera es uno de ellos. No por reflejar la ciudad, sino quizá por mostrar lo que los paulistanos añoran después de tantos días grises.

Parque Ibirapuera

http://www.parquedoibirapuera.com

Av. Pedro Álvares Cabral – Moema

pd: ah, la única desventaja es que el parque queda lejos, en la zona sul de la ciudad. Si hubiera una estación de tren o subte más cerca, iria mucho más seguido